Como diría Tarrasa “así como uno no se enamora sólo porque quiere, tampoco se enamora sin querer”, los sentimientos reales los cachamos y los queremos adoptar pero nos encontramos con el problema de que todo gran sentimiento, principalmente el amor, se ve lleno de obstáculos necesarios para salir adelante, para hacerlo crecer más y más y no estamos acostumbrados a luchar contra ellos, todo lo que se torne difícil ya no es “trabajo para nosotros” por ello nunca alcanzamos esas experiencias que nos hacen crecer y madurar, tenemos que abrir más nuestra mentalidad a que las cosas que verdaderamente valen la pena van a costar, y vamos a tener que acostumbrar nuestra voluntad a estas luchas constantes que nos van a hacer crecer, pues si el sentimiento no es aceptado nunca va a explayarse en todas las maravillas que tiene para mostrarnos.
Ciertamente las sensaciones fisiológicas, el afecto, son necesarios para hacer crecer ese sentimiento de amor, para que la voluntad tenga un impulso más tangible en ese momento inicial en el que la sustancia verdadera del amor no es perceptible tan fácilmente, pero definitivamente ese impulso no lo es todo.
Debemos lograr aplicar nuestra racionalidad de una forma en la que adaptemos nuestra voluntad y nuestro sentimiento, concurriendo todos en el amor, y haciéndolo crecer y sobrepasar los límites, haciéndolo duradero y profundo, y fuerte al superar cada uno de los obstáculos presentes exactamente para que después nos recordemos que valía la pena, que la persona es el impulso, que la persona es la indicada y única, y no como un objeto intercambiable tras las noches que pasan, sino como ese hombre subjetivo con una intimidad tan especial de la que soy partícipe en pequeñas porciones aumentando cada vez más y más con el paso de las experiencias tanto buenas como malas.
Porque al amar verdaderamente se ama con todo lo que uno es y no nos conformamos con sentirlo, queremos expresarlo y romper las barreras haciéndolo cada vez más grande y perfecto, y conociendo poco a poco esa infinidad de sentimientos y sensaciones que van implícitas en el amor, el jefe de todos los sentimientos, el más complejo, el más difícil de complacer, pero a la vez el más satisfactorio e íntimo de todos.
¿Puede acaso una persona, después de conocer lo que es amar, arrepentirse de haberlo sentido?, ¿podemos dignarnos entonces a privar a la gente de que lo sienta?, Antes al contrario, debemos luchar por que todas las personas puedan ser partícipes de esto y hacerles notar todo lo que se están perdiendo al buscar las relaciones sencillas y rápidas, en vez de desvivirse por un ideal compartido y único.
Lo que hay que hacer se dice muy sencillo pero se cumple muy difícilmente: hay que actuar según nuestra naturaleza humana, contra todos los factores externos entre los que nos encontramos que lo que buscan es dirigirnos a otros lados creados por el hombre y no por aquélla dirección natural puesta desde el inicio en nosotros por “aquél de arriba”, por el motor inmóvil, o por el origen natural de la vida, cualquiera que sea la causa eficiente que queramos ver, nuestra naturaleza es una, nuestra teleología también, y va encaminada a amar desmedidamente, a sentir tan profundamente cómo somos capaces de sentir, con la razón indicándonos el camino y nuestro sentir motivando nuestra voluntad.
*MöÖnîë*