Wednesday, November 22, 2006

“EL HOMBRE ¿UN COMPUESTO HOMOGÉNEO O HETEROGÉNEO?” - parte II -

El intercambio de cultura ha alcanzado un nivel mundial, pero lamentablemente nos ha obligado a la alienación de la misma, ahora o se está dentro de esa gran masa mezclada de ideas y comercio, o se está totalmente fuera y se sufren las consecuencias. Una parte característica de aquellos que no pertenecen al “montón”, son nuestros indígenas que se han visto gravemente afectados por la globalización actual. Según nos dice Alejandro Llano “el relativismo, la concepción de los derechos humanos, la idea y práctica de la sexualidad, y el consumismo son cuestiones de las que nadie puede considerarse al margen”. Y efectivamente a causa de nuestro mundo comercial, éstas 4 características no excluyen a nadie. Podríamos decir que el relativismo no es algo que afecte a nuestras etnias, las cuales defienden con fuerte convicción sus creencias y costumbres así como sus derechos, pero ¿qué pasa cuando el medio con el que tienen que convivir ellos es puramente relativo? Se topan con un mundo que no busca perfeccionarse si no conformarse, un mundo que no vive intentando buscar la verdad del ¿por qué vivir? Un mundo que no piensa ni esta interesado en pensar, y cuando el indígena se da cuenta de ésta realidad, de ésta incompatibilidad con las personas que ya parecen no interesarse por las cosas que ellos consideran importantes, se aísla; partiendo por éste punto ya hay un indicio de diferenciación entre dos seres humanos iguales.

Dándole continuación a esto, los derechos humanos han sido terriblemente degradados y olvidados a causa de esa misma relatividad que hoy dirige las mentes de las personas, éste mundo relativo que Locke creó, en el que le quita esa distinción al hombre como tal, pone en un desorden impactante los valores y su prioridad, de tal manera que las personas pueden una vez más darse el lujo de justificar sus actos en base a teorías que discriminan al ser humano eliminando ese derecho natural que se les es dado por su esencia propia. Así despreocuparme por mi hermano indígena y su condición es totalmente válido, pues “mi realidad” no está regida por características imaginarias dadas por una esencia, sino que el valor de la persona está dado por la capacidad de moverse en el mercado y la cultura globalizada. Además esa tolerancia extrema que nos permite una sexualidad desbocada llega hasta los hogares de todos, pues tanto las familias de las grandes ciudades como de las pequeñas rancherías se ven afectadas por problemas que incluyen agresión física y sexual; el consumismo también está a la vuelta de la esquina pues, tal cual, sólo es necesario caminar unas casas para llegar a la tienda que nos ofrecerá no lo más sano ni conveniente para el cliente, sino lo más económico y vendido por esa idea de que “es necesario”. Éstos dos últimos puntos tienen una profundidad que no alcanzaremos en éste ensayo pero es importante considerar que son factores que afectan altamente esa distinción entre seres humanos y que a la vez es algo que sufrimos todos por igual.

Con todo este conjunto de características del mundo moderno podemos ya ir dando forma al ¿por qué? Nos separamos tanto unos de otros, e inclusive al porque nos rechazamos tanto entre sí. A veces parece muy cotidiano todo esto, y a veces ni siquiera sentimos que somos parte del problema, pero es que en verdad nos hace falta abrir los ojos al grandísimo y hermoso mundo que tenemos por delante y a todas esas maravillas que están estratégicamente puestas en un orden magnífico. Como hombres modernos nos encerramos tanto en los globos del mundo particular, que no nos percatamos de ese complejísimo compuesto que es nuestro hogar, nuestra nación y nuestro mundo entero.

MoÖnîe*

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