Saturday, November 25, 2006

AMOR FUGAZ - parte II -

Una mujer es capaz de sentirse enamorada y entregarle el mundo a otro después de pasar una agradable noche con un joven que la ha sabido conquistar, poco han hablado de si mismos, poco es lo que saben a profundidad pero se deciden rápidamente a llegar hasta los confines más íntimos con el pretexto de que lo que sienten es verdadero, las personas pierden su intimidad en una noche en la que lo único que estaban haciendo era dejarse llevar por las deliciosas sensaciones que su cuerpo producía, aquél grato sentir en el que todo es placentero y parece que nada puede estar mal, pero ¿qué pasa la mañana siguiente en la que despiertan y se dan cuenta que todo fue un error y que nada era lo que parecía?. También la distancia es un impedimento actual en el que las relaciones ya no son tan profundas como debería ser, el matrimonio parece que está ahora regido por la ley de la oferta y la demanda, pues tenemos tantas opciones que hay que elegir por eliminación de caracteres y no guiados por un sentimiento profundo, el más complejo al que quizá el hombre estará expuesto: el amor.
Muchas relaciones se dan de esta manera… ¿por qué los matrimonios no duran más que un año?, ¿Por qué los noviazgos son considerados largos si llevan ya mas de dos meses?, ¿por qué es que tienes que ser un “loco” si vas a andar con una chava que no esta “abierta a tus afectos”?... Todo esto se resume en lo que Eduardo Tarrasa llama “inmadurez afectiva”, y tiene razón en nombrarla así. En la modernidad, nos confundimos y creemos que vivimos cosas muy profundas pero no hemos logrado trascendernos a nosotros mismos, nos estancamos en un nivel fisiológico complaciente, no vamos más allá, y lo peor, ya no conocemos que puede haber un más allá.
Los sentimientos superficiales son los que nos mueven porque son instantáneos y más fuertes al parecer, y porque además son los más sencillos; en otras palabras porque son los que cumplen las características que requiere el hombre actual: accesibilidad, velocidad y certeza.
Ahora todos carecemos de madurez afectiva, y por lo mismo somos muy inestables, por lo tanto lo son también nuestras relaciones. Luchamos diariamente contra el destemple que existe entre nuestros sentimientos profundos y las sensaciones fuertes, y por naturaleza lo hacemos pues nuestros sentimientos son duraderos y no pueden ser reprimidos sin que la persona se vea gravemente afectada. Por eso no estamos contentos con nuestras relaciones, por el hecho de que al ser humanos no actuamos por instinto, aunque muchas veces se demuestre lo contrario; debemos actuar con pasiones, con sentido y razonamiento del ‘porque’ se hacen las cosas, no deberíamos hacerlas de una forma impersonal, pues nuestro sentimiento nos dirige hacia algo en concreto, a enamorarnos de algo en particular, de esos elementos característicos que hacen que reaccionemos y nos empeñemos en algo, eso es lo que nos mueve en realidad, nuestro sentir hacia las cualidades específicas de las cosas que nos enamoran, nos atraen y nos apasionan, que nos dan vida.
El amor, el querer a una persona, no puede seguir como se ha estado llevando éstos últimos años, de una forma general, reprimiendo verdaderos sentimientos, tenemos que adoptar la esencia de nuestra racionalidad y aceptar nuestra sensibilidad y hacerlas uno, en eso consiste el que maduremos emocionalmente, y formemos nuestra intimidad y la compartamos inteligentemente.
*MöÖnîë*

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