Friday, March 07, 2008

El Problema de Dios (parte I)

El Ser al que no le damos crédito por nuestro éxito, aquél al que le atribuimos todas nuestras desgracias; o el Ser al que le agradecemos como nuestro primer principio y en quien esperamos como nuestro último fin. Dios lo puede ser todo o a la vez nada, puede ser lo mejor que nos haya pasado en la vida o lo último que hubiésemos querido imaginar.

No podemos pretender que el problema de Dios es algo del pasado o exclusivo al Medioevo, cuestionarnos la naturaleza de Dios y nuestra capacidad de comprenderlo, ha sido y será siempre un atacante constante para las grandes mentes a lo largo de la vida humana.

¿Qué tan capaces somos de descubrir la verdadera naturaleza del Ser al que hemos decidido llamar Dios o Ser Superior? No creo que aunque lo deseáramos pudiéramos librarnos de esta incógnita, parecen infinitas las cuestiones que podemos hacer sobre Él y tan limitado nuestro conocimiento, quién sabe si podremos alcanzar la verdad algún día. Lo cierto es que el hombre necesita, para sentirse pleno, responderse esta cuestión. Explicar algunos de los argumentos ante esta pregunta es ahora mi primer propósito, en segundo plano pretendo hacer notar la diferencia del Dios “de pura fe” en comparación con el “Dios filosófico”.

Si debo irme a los comienzos, me gustaría comenzar por Aristóteles (384 a.C.). El habla del Motor Inmóvil como el Incausado; es el Absoluto, el totalmente autónomo que tiene principio y fin en sí mismo. Aquél al que todos tendemos y somos atraídos, sin que se inmute. Y claro, nada tiene que ver con un ser personal ni mucho menos paternal, aunque tiempo después Santo Tomás lo retome en El Dios católico.

San Agustín (354 d.C.) nos muestra una visión de Dios en la cual el ser humano ha de refugiarse por largos años (aquélla idea de Dios que me atrevería a decir ha tenido más influencia que cualquier otra idea que, con respecto a Él, haya surgido en algún momento). El pensamiento, para este Santo, se mueve principalmente entre el alma y Dios. Así, Dios es las perfecciones reales que vemos en las cosas a un grado eminente, y la inteligencia es algo divino, pues Dios ilumina en el espíritu ideas universales, dando una visión superior de lo que se le presenta a los sentidos.

El Ser de Dios es Simple y así todas las cosas que consideramos contrarias se hacen en Él una unidad. Dios es aquél ser cuya esencia es su misma existencia, es un ser por sí. Esta simplicidad supone una pura actividad en Él (memoria, entendimiento y voluntad). La continuidad e identidad de Dios consigo mismo (memoria) es el Padre; el conocimiento que Dios tiene de sí mismo es el Hijo, y ello constituye una persona distinta dentro de la misma esencia, porque la simplicidad de Dios no es compatible con la dualidad cognoscitiva; el amor que Dios se profesa a sí mismo constituye, en fin y por la misma razón, la tercera persona, que es el Espíritu Santo. (Torre, Fernando; “Introducción a la filosofía del hombre y de la sociedad”). Considera nuestra condición humana como la limitante para adherirnos a Dios, pero tanto la ciudad terrena como la ciudad de Dios se originan de los dos amores radicales que anidan en el corazón humano. “Sólo Dios es permanente, y el sentido del hombre no capta sino una parte de la creación. Y mejor que la creación es su Creador inmutable” (Sn. Agustín; “Confesiones”).

Y quién mejor que Santo Tomás de Aquino (1224) para hablarnos del Dios Católico, un ser concreto, vivo, personal y diferente al mundo; entre Dios y las criaturas hay sólo una analogía de ser. En Él la esencia y la existencia coinciden, es primera causa, donde se encuentra la unidad absolutamente perfecta. Menciona tres vías de conocimiento de lo divino para el hombre: 1. la razón, 2. la verdad divina que baja hacia nosotros, 3. El espíritu humano es elevado hasta gozar de la intuición perfecta de cuanto había sido revelado. “La Ley Antigua ha sido nuestro preceptor en Cristo para que fuéramos justificados por la fe, Pero habiendo venido la fe, no estamos ya sujetos al preceptor”. (Torre, Fernando; “Introducción a la filosofía del hombre y de la sociedad”). Santo Tomás retoma el concepto que actualmente nos plantea la Iglesia Católica del Dios Aristotélico, adaptando el Motor Inmóvil al Dios católico y nuestra tendencia hacia Él. El fin último del hombre es Dios, nuestra felicidad consiste en la visión de Él. Además, es el autor de las 5 vías para explicar la existencia de Dios (1.por el movimiento, 2.por la causa eficiente, 3.por lo posible y necesario, 4. por los grados de perfección y 5. por el gobierno del mundo). Con esto, es definitivamente el Santo revolucionario que nos brindó muchas herramientas para poder solventar más firmemente nuestra fe en Dios, y de una forma además racional.

Hablando de revolucionarios, Martín Lutero (1483) cambió todo lo que se venía a pensar, más en un sentido práctico de la religiosidad del hombre y no tanto de Dios. Después de la edad media Lutero marca un nuevo pensamiento “Dios, y no las obras o libertad humanas, salvan al hombre” (Torre, Fernando; “Introducción a la filosofía del hombre y de la sociedad”), la visión de Lutero respecto a Dios es de Padre amoroso que perdona; la fe es la que salva al cristiano.

Haciendo aquí un intermedio, comenzamos una nueva época que será, al fin, el parte-aguas de todas las concepciones distintas sobre Dios. Antes de esto hemos considerado a un Dios conocido mediante la intuición, en el que es Él quien decide presentársenos y acercarnos a Él y su Ser Superior. Ahora, con Renato Descartes (1596), todo será diferente pues el punto de partida ya no será Dios mismo sino el hombre y sus capacidades; así entramos en la época moderna.

El tan famoso “cogito, ergo sum” que Descartes nos trae, brinda una nueva visión de Dios. Con el genio maligno pretende excluir al Dios tradicional, pero cree poder explicar así que el hombre no puede existir sin Dios. ¿No puedo ser yo en cuánto res cogitans el fundamento del ser real de la idea del prójimo? Y Descartes responde con un “sí”. (Schulz, Walter; “El dios de la metafísica moderna”). Pero, sabiendo que entendía a Dios como ser infinito, omnipotente y omnisciente, cuando intentó indagar la procedencia de la idea de un ser más perfecto que él mismo, decidió que debía venir de alguna naturaleza efectivamente más perfecta, pues era imposible que una idea viniera de la nada, e igualmente era repugnante creer que lo más perfecto podía ser consecuencia de algo menos perfecto. Por ello es necesario que esa idea fuera puesta en él por el Ser más perfecto, sino él mismo podría haber tenido todo aquello de lo que sabía que carecía. Así, Descartes quiso ver si podía arreglárselas sin Dios y fracasó, por su finitud, y ahora consigue darnos al Dios de los filósofos, y no a uno aprehendido exclusivamente en la fe (aunque existieron previas concepciones filosóficas similares en Santo Tomás y San Anselmo, Descartes marca el impacto y la línea que cambia el rumbo del pensar de todos). “El Dios de Descartes no es un mero concepto, sino la medida puesta con necesidad interna frente a mí y sobre mí, en la que yo me conozco como finito” (Schulz, Walter; “El dios de la metafísica moderna”).

Aunque siempre hay corrientes opuestas, Blas Pascal (1623) critica fuertemente a Descartes diciendo: “Pero ¿qué es este pensar? ¡Tontería!”. “Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob, no el de los filósofos y de los sabios” (Schulz, Walter; “El dios de la metafísica moderna”) El y pensadores de su línea, deciden ver al Dios de los filósofos como abstracto e inventado en vez de buscar, tal cual Santo Tomás ya lo decía anteriormente y Spinoza lo moldeará después, a Dios no sólo por la fe sino también por la razón, en la duda hasta de Él mismo para encontrar después nuestra necesidad indispensable del Ser Superior.

“La sustancia es por naturaleza anterior a sus afecciones” (Schulz, Walter; “El dios de la metafísica moderna”), esta es la propuesta de Baruch Spinoza (1632) respecto a Dios o la Natura naturans, la única sustancia. Dios es considerado ciertamente como la causa de las cosas, pero en ellas (causa immanens), aunque impersonal podemos conocerlo por sus atributos, pero no dialogar con Él. “Mentis erga Deum amor intellectualis pars est infiniti amoris, quo Deus se ipsum Amat” (Schulz, Walter; “El dios de la metafísica moderna”), «“el amor intelectual del alma a Dios es una parte del amor infinito con que Dios se ama a sí mismo”».

Contemporáneo del buen Baruch, John Locke (1632) pertenece a una corriente distinta al racionalismo. Considera que al querer hacernos una idea del Ser Supremo, es la infinitud la que, junto con las demás ideas, forma la idea de este Ser, pues al no poder conocer su propia esencia (ni la de ninguna otra idea) no tenemos de Él más que la idea compleja que se ha mencionado, habiendo venido originalmente de ideas de la sensación y la reflexión.

Pero claro que un matemático de renombre no puede olvidarse de pensar en Dios, Gottfried Wilhelm Leibniz (1646), por su parte, al hablar del mundo de mónadas se refiere a Dios diciendo que abarca todos los mundos posibles. Es un Ser metafísico incondicionado que no quiere algo sin una razón eficiente, no obra de modo irrazonable, hay una razón suficiente. Él eligió el mundo que tiene la mayor y máxima de perfección, y al hombre lo creó de modo que elige lo que le parece lo mejor. Este es el Dios de Leibniz, matemático de pies a cabeza (tanto él como su Dios).

Brevemente mencionaré también a Immanuel Kant (1724), quien postula la existencia de Dios como un principio de la razón práctica, es decir, como un principio moral, donde es necesario que el hombre crea en la existencia de Dios para poder fundamentar su moralidad y poseer algún fin al que tienda su actuar, aunque, ni Dios, ni la libertad, ni la inmortalidad, pueden ser demostradas ni refutadas.

Y marcando de nuevo una pausa, nos llega un nuevo momento histórico que se inicia con Federico Hegel (1770). La dialéctica es la ley que mueve a lo real a su acabamiento pleno. El conjunto de tesis, antítesis y síntesis es lo que llama Espíritu Absoluto y tiene fases de vida: primero aparece en sí careciendo de conciencia de sí, después se lanza fuera de sí mismo para poder reconocerse, y al final, vuelve a sí y adquiere conciencia de sí. De esta manera, basado en su fenomenología del Espíritu, Hegel considera la idea, en su significación más alta, Dios, como la verdad verdadera; el lugar en que el concepto libre no encuentra más contradicción. (Torre; “Introducción a la filosofía del hombre y de la sociedad”).

Y por último, para Heidegger (1889) el concepto de ser ahí es sumamente importante, se plantea por el ser sólo porque tiene pre-comprensión de lo que es el Ser. El ser ahí proyectante es total en su finitud, busca un límite de sí mismo y ese es la muerte. Aunque hay que mencionar que su sentido de finitud no tiene el sentido cristiano, en contraste con Dios, sino como límite extremo a partir del cual me puedo hacer presente mi finitud como sentido de mí “ser ahí”. ¿Por qué hay ente y no más bien nada? Esa es la pregunta de Heidegger, que responde al decir que no hay nada más ahí, sobre todo ningún Dios, que sustente al “ser ahí”, eso crea angustia, la Nada presenta a mi propio no ser, que consiste en que yo estoy entregado a mi responsabilidad. Heidegger pone a la nada para poder elevarse ante todos al dudar, inclusive ante Dios mismo; “la nada es el ser mismo, cuya verdad se revela al hombre cuando se ha superado a sí mismo en cuanto sujeto, esto es, cuando ya no se representa al ente como objeto” (Schulz; “El Dios de la metafísica moderna”).

Con esto concluyo el recorrido histórico a través de los postulados más importantes que han tenido los filósofos con respecto al problema de Dios.

3 comments:

D.E.R.T. said...

Pues yo ya había tenido un acercamiento previo a este trabajo, jaja. Veo que le has hecho algunas correcciones. Me parece una excelente síntesis de la historia del concepto de Dios en la filosofía. Problema siempre vigente, se ha concebido en infinidad de formas distintas. Pero, en definitiva, es la respuesta más recurrente desde la edad media a la pregunta formulada por Heidegger, que, en cierto modo, habla por todos los demás filósofos: ¿Por que el ser y no la nada? pues por Dios. Eso es lo que muchos filósofos se han contestado. ¿Cierto? ¿Falso? Siempre estará por verse. ¡Saludos afectuosos!

rocker/MATC said...

Me gustó mucho esta máquina del tiempo en la que analizas las ideas de Dios que tienen los diferentes filósofos (Gracias por incluir a Leibniz en nombre de todos los que cultivamos las ciencias exactas). Creo que entre todos podríamos formar una idea única, que integrara el pensamiento de estos grandes hombres (y estoy esperando mujeres también) de tal forma que podamos apaciguar ese deseo latente que es la búsqueda del límite. Gracias a las aproximaciones que haces en este escrito, podemos concluir matemáticamente que cuando algo tiende a un valor en específicom el límite EXISTE. Muchas gracias por el viaje.

rocker

Anonymous said...

HOLA
Primer quiero felicitarte es un muy buen escrito.
Y para ayudarte a que la segunda parte se mucho mejor espero te ayuden estas criticas constructivas con mal ortografía =P.
En el primer párrafo donde afirmas que dios puede ser nada, me preguntaba si podrías darnos un ejemplo, por que al momento de nombrar algo le das un valor, ¿Por qué crees que Heidegger se pregunta por que hablar del ser y no la nada?
La parte mas ambigua de tu trabajo es cuando preguntas ¿dios es lo mejor que nos ha pasado o lo ultimo que queremos imaginar?

El verbo pasar se refiere a un acto en el mundo (experiencia) o a un acto cognoscitivo (razón). O podrías darnos sinónimo o ejemplo para aclara. Pero lo que nos tumba a la lona es cuando dices que dios el lo ultimo que hubiésemos querido imaginar. Refleja una postura psicologista pero creo que eso no es lo que quieres decir. Profundizando mas podríamos interpretarse como no querer pensar en dios por que nos complica la existencia. Pero una nota al pie de la página podría aclarar esta situación. O una aclaración.


No lo tomes a mal pero la parte que dice: Lo cierto es que el hombre necesita, para sentirse pleno, responderse esta cuestión. Pero creo que esta respuesta tan universal, no tiene justificación, además tiene un matiz religioso demasiado pronunciado, y la prueba es la palabra pleno. La frase tiene sentido si le damos un significado religioso a la palabra.

Y en la parte donde dices que no podremos pretender que dios es un asunto pasado, estas argumentando encontrar de una postura pero no la mencionas. Seria bueno aclarar ese punto.
Bueno comienzas muy mal pero terminas bien cumpliendo tu propósito dando la distinción entre dios de fe y de razón, aunque muchas citas del mismo autor remarca un poco una visión de los pensadores que no parece ser la tuya.

Y para terminar me gustaría justificar mi critica como dijo SCHELER cuando termino de escribir un libro si me dice felicidades, es usted muy bueno me dice que no entendieron lo que digo pero si me critican tendré una prueba fidedigna de que si pusieron interés y esmero en comprender.